¿Lo Intentamos otra vez?

IMG_8756Ha finalizado la experiencia de Voluntariado en Misión Compartida (MC) en la comunidad claretiana de Ingeniero Jacobacci, Argentina. La conmovedora despedida fue el signo cumbre del satisfactorio resultado del que fuimos protagonistas quienes vivimos en este pequeño pueblo y zona de la llamada Línea Sur, en la provincia de Río Negro. Confío que lo que ahora son recuerdos se transformará en preciosa e inquieta “Memoria” que empujará hacia la construcción de un particular estilo de Iglesia.

Es cierto que ha sido la generación joven la que ha facilitado la concreción de la opción planteada por el Capítulo Provincial Claretiano (de San José del Sur) del año 2012, sus cualidades propias de la pasión por el bien común, la sensibilidad por el dolor ajeno, los urgentes y arriesgados pasos, el derroche de amor por la vida y la belleza de la creación, los sueños que rozan lo imposible; fueron la fuerza que hizo realidad la inspiración del Espíritu. Los datos históricos, desde la presencia claretiana aquí, también confirman lo que digo. Por lo que es un desafío permanente colorear esta opción con otras generaciones en orden a la diversidad. Particularmente las comunidades educativas tienen esta riqueza que deben compartir, la generosidad siempre tiene el regalo de la abundante recompensa (Mc 10, 28 – 30).

La continuidad de este estilo de vida en MC es más que necesario, provocar con prisa otras experiencias en rincones de nuestras Iglesias depende del compromiso de los consagrad@s y de la terca insistencia de laic@s que buscan otra presencia misionera. Despertarse para nuevos intentos de modos de vivir la misión, gritando los frutos que da la misma, puede sacudir a l@s dormid@s y conservador@s personajes de ahora y de siempre y, sobre todo, permitir que much@s encuentren el sentido de sus vidas respondiendo al llamado de Dios.

La reflexión de esta práctica, con el aporte de quienes participaron de un espacio de retiro no hace mucho tiempo, propone algunas ideas que permiten ensayar futuras expresiones de Voluntariado en MC como un verdadero camino profético:

WP_20161213_13_38_25_ProConvivir en la diversidad es una constatación de hecho, pero se tiene clara conciencia cuando comprendemos que quienes integran la pequeña comunidad son de diferentes edades, tienen modelos eclesiales variados, distintos procesos personales de maduración, cualidades, prejuicios y comportamientos adquiridos entre otros tantos aspectos que son necesarios dialogar en la marcha. Aunque todo lo que se pone en juego en la “casa – familia” (usando el modelo misionero de San Pablo, 1 Cor. 16, 19: plataforma evangelizadora ideal) debe estar sujeto a la horizontalidad en los vínculos y en las responsabilidades misioneras. Distintos pero iguales es una condición necesaria para el rostro de Iglesia que queremos construir. La gastada jerarquización eclesial puede entorpecer el proceso iniciado. Hay que pensar comunidades donde consagrad@s y laic@s tengan equiparados derechos y obligaciones (aporte económico, compromisos en la misión, trabajos dentro y fuera de la “casa”, etc.).

Reconocer y promover nuevos ministerios o carismas (muchos nacidos de los acompañamientos y respuestas a las necesidades de la realidad) tiene que ser un esmerado propósito en los protagonistas de esta novedad eclesial. De esto depende que los profesionales como los que llevan innatas cualidades para la misión, laic@s o no, se sientan contenidos y crezcan en su donación personal. Demás está decir que es muy acotada la gama de vocaciones particulares en las Iglesias culpa de la mencionada Jerarquización, de los miedos y cerrazones mentales. Nacerán un sinnúmero de ministerios mientras abunde la creatividad y la fidelidad en la respuesta misionera.

Acordar opciones misioneras claras desde los gritos que vienen de la realidad y de las prioridades que la Congregación Claretiana ha hecho. Convivir con la gente que sufre, reclama, busca, festeja y ama en su sencillez y pobreza define el modo de vivir y caminar de la comunidad en MC. La realidad te transforma definitivamente, ilumina tus pasos y descubres a Dios más cercano y amigo. Las opciones asumidas con fidelidad funcionan como contención y sostén ante cualquier riesgo de renuncia o caída y, más aún, despiertan la pasión – entusiasmo por la entrega misionera.

Ya dijimos, en otro artículo, que el camino de discipulado de cada un@ (el seguimiento de Jesús) como la capacitación y reflexión compartida, son las suaves brisas (1 Reyes 19, 12b)) que alientan y dan calidad a la comunidad.. Sin estos espacios que se concretan en la oración común, en la reflexión de las prácticas pastorales, en el encuentro personal con Jesús y su Palabra, es imposible crear el modelo de Iglesia que pretendemos vivir y proponer.

Por último, quienes vivieron esta experiencia de Voluntariado en MC, nos sentimos urgidos de comunicar con alegría y convencimiento los frutos alcanzados. Es un objetivo primordial compartir las buenas experiencias en esta línea, proponer este modelo eclesial, ganar espacios y ofrecer un camino de vida al servicio del anuncio del Reinado de Dios.  

Podremos tener la sensación, en algún momento, de ser “zapitos de otro pozo” al regresar a las comunidades de origen, pero sabremos que misión es compartir la plenitud de vida, que la MC te humaniza, que Jesús y su mensaje es el motivo de tu modo de ser y estar aquí, que se puede dar con generosidad y recibir con gratitud, que amar es darse para que otr@s tengan vida.

Por todo esto, ¿lo intentamos otra vez?
P. Mario Bússolo, cmf.

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