Decima Marcha de la Gorra – Córdoba, Argentina

Decima Marcha de la Gorra – Córdoba, Argentina

Nov 19, 2016

¿Cuánto más? El Estado es responsable

A lo largo de estos años hemos visto en nuestro continente, con profunda tristeza, cómo la violencia se ha enraizado en nuestras ciudades y formas de vida. Se encuentra muchas veces camuflada, institucionalizada e incluso legitimada por algunos sectores de la sociedad, generando la muerte de tantxs hermanxs empobrecidxs, explotadxs y excluidxs. Aún más, deviniendo en persecuciones sistemáticas e incluso asesinatos de militantes, laicxs, religiosxs, diferentes organizaciones y colectivos defensores de los Derechos Humanos, comprometidos radicalmente con el cuidado de la Creación.

Nuestro país no escapa a este nefasto modelo. Incluso, después de la recuperación de la democracia, las provincias se han visto atravesadas por políticas represivas que han instalado un paradigma de seguridad que legitima viejas prácticas ilegales por parte de las fuerzas policiales con total aval de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Prácticas reforzadas constantemente con aumentos al presupuesto del área de Seguridad y con mayor autonomía operativa, imposibilitado que un sector de la sociedad se desarrolle, trabaje, distienda y circule libremente, alentando la segregación y el odio entre hermanxs e impidiendo que todxs vivamos con dignidad.

En la provincia de Córdoba, numerosas organizaciones se han encargado de denunciar la Ley Provincial Contravencional N° 8431 denominada Código De Faltas (vigente hasta abril de este 2016) ahora Código De Convivencia, cuyas diferencias no distan más que de algunos artículos modificados. Así también, se han encargado de instalar a nivel nacional la discusión sobre seguridad y de visibilizar los constantes abusos por parte de la policía.

Todas las denuncias se basan en el carácter inconstitucional del Código, es decir, en su contradicción a leyes superiores así fijadas por la jerarquía de nuestro ordenamiento jurídico; y en las sistemáticas violaciones de Derechos Humanos a grupos de personas que son constantemente estigmatizadas y criminalizadas. También remarcan que viola el principio de legalidad, ya que sus artículos no son claros, ni exactos y presentan ambigüedades que pueden prestarse a diferentes interpretaciones.

Precisamente esas imprecisiones le dan a las fuerzas policiales la facultad ilegítima, basados en subjetividades y prejuicios, de decidir cuándo una persona está cometiendo una infracción. Esto permite cientos de controles, demoras y detenciones arbitrarias por día, signados por la violencia verbal y la sustracción de pertenencias a los supuestos infractores. Se agrava, en algunos casos, con el sometimiento a maltratos físicos, psicológicos y sexuales, llegando al extremo de torturas, desaparición de personas y asesinatos en casos de muerte por Gatillo Fácil. El proceder ilegal de las fuerzas se evidencia, también, en la represión a la protesta social, allanamientos masivos, la planificación de zonas liberadas y el reclutamiento de jóvenes para el delito.

La vida de las víctimas de estos abusos y de sus familias se ve seriamente complicada: perdida de días de clase y/o trabajos, estigmatización social, sentimientos de humillación y miedo constantes por los maltratos, torturas y amenazas recibidas. Lxs perjudicadxs son siempre lxs mismxs: jóvenes marcados como peligrosxs por el solo hecho de poseer determinadas características físicas, cierta vestimenta, estilos de vida, hábitos de consumo y por ser provenientes de barrios populares. Los agentes, además, se ven legitimados en su proceder por los calificativos que algunos otros vecinos usan para nombrar a estos jóvenes: “pibe chorro”, “negro”, “villero”, “vago”.  Dice Esteban Rodríguez Alzueta, “los procesos de estigmatización social habilitan y legitiman la violencia policial, pero también el linchamiento social”. Un fenómeno basado en un profundo y alarmante odio de clase que vemos crecer diariamente en nuestra ciudad.

A raíz de las denuncias a esta ley provincial y gracias a la organización de cientos de jóvenes que ansiaban, y aún lo hacen, ser escuchados en sus reclamos, surge uno de los movimientos más importantes y numerosos en nuestra provincia que ya ha tomado carácter federal: la Marcha de la Gorra. Un movimiento que, desde hace 10 años, se corporiza cada noviembre en las calles del centro de Córdoba pidiendo la anulación del Código, el cese de los abusos policiales y el pleno ejercicio de los derechos, denunciando al Estado como el primer responsable.

A ese reclamo, adherimos desde las diferentes comunidades claretianas de Córdoba, participando en las grandes marchas, diferentes manifestaciones y talleres antirrepresivos, sufriendo, en algunas oportunidades, demoras por averiguación de antecedentes, detenciones arbitrarias o persecuciones y amedrentamientos por parte de la policía. También, representadxs por la comunidad de Jupic El Tambo, pudimos sumarnos al trabajo en red con diferentes colectivos, como es el caso de Común Unión,  integrado por laicxs, referentes religiosos y organizaciones sociales, desde donde manifestamos que  “convocados por los testimonios de la creciente violencia policial, la criminalización de la pobreza y la discriminación como fenómenos socio-culturales, decididos a recuperar nuestra palabra, puntualmente sobre el narcotráfico y los efectos nocivos que provoca en los jóvenes y vecinos de los barrios populares de la ciudad de Córdoba.  Este negocio de la muerte, está avanzando de manera escandalosa y aterradora. En nuestra provincia, cuenta con la connivencia de cierta parte del poder político y judicial como así también de las fuerzas policiales. Esta red delictiva existe porque vincula actores políticos y económicos, locales, nacionales e internacionales, sin cuya participación y complicidad sería imposible su progreso. (…) Estamos convencidos de que el accionar del narcotráfico NO se resuelve con más policías ni con otras fuerzas similares. Es necesario cambiar el paradigma de seguridad hacia uno enfocado en el cuidado y en la justicia social: en el respeto a los derechos de todos.” (Córdoba, agosto 2016)

Nuestro compromiso en la lucha contra la violencia institucional se enmarca dentro de una opción incluso más antigua a la Marcha de la Gorra: el asesinato de Emilio Blanco, un joven alumno de uno de nuestros colegios, a manos de la policía de Chascomús (provincia de Buenos Aires). Caso paradigmático de violencia institucionalizada en el que la lentitud del Poder Judicial y la connivencia con la fuerza policial demoraron dos décadas el inicio de un juicio que, finalmente, concluyó en 2014 con la sentencia del asesino Fermin Basualdo a cadena perpetua. La organización fue ganando espacio entre nosotrxs todos esos años, generando una conciencia más comprometida y crítica, y floreciendo la necesidad de articular espacios donde trabajar concretamente por la justicia y la paz.

En este contexto, creemos importante destacar aquellas palabras de nuestrxs hermanxs en el último encuentro de Solidaridad y Misión: Por obra u omisión hemos permitido que la muerte instaure su imperio en medio de nuestras vidas. Muchas veces, de manera inconsciente, aceptamos la degradación y estratificación de la dignidad humana, en la cual se ha vuelto “natural” y rutinaria la instauración de la injusticia, la vida sin derechos, sin dignidad, sin humanidad; haciéndonos los indiferentes frente a tanta deshumanización, contraria a la voluntad del Creador y de la dignidad del ser humano. (…) La falsa y manipuladora información que nos suministran los medios masivos de comunicación, dependientes todos de los emporios del poder económico, ha dañado nuestra conciencia y la de los pueblos a los que servimos. Pero queremos insistir y re-insistir, y resistir para que la verdad prevalezca, reine la justicia y en este continente podamos vivir con la dignidad de hijos e hijas de Dios.

La Familia Claretiana ha de reaccionar, en fidelidad al Evangelio y a los signos de los tiempos y de los lugares que se nos presentan hoy. Dios, a través de los pueblos y culturas, está gritando por la construcción de una nueva humanidad.  Nuestro último Capítulo General define de manera clara que “no se puede ser claretiano como si los pobres no existieran. Tampoco se puede ser claretiano sin denunciar las estructuras de injusticia, sin luchar contra el sistema que las perpetúa, proponiendo alternativa”. (MS 49). (Guatemala, agosto de 2016)

Justamente por eso, creemos que es importante animarnos a dejar de lado cierta comodidad y atender las causas que nos reclaman, oír el grito de tantxs hermanxs que claman por justicia, trabajar cada vez con más fuerza y entusiasmo en la construcción del Reino, generando respuestas concretas y transformadoras. Animarnos a abandonar viejos paradigmas y prácticas y mudar nuestra fe a donde podamos, madurarla y fortalecerla, para  profundizar la memoria y seguir construyendo alegremente nuestra identidad claretiana.

Hace pocas semanas, el Papa Francisco dijo en su discurso en el Tercer Encuentro Mundial de Movimientos Populares: Cuando escuchamos que se festeja la muerte de un joven que tal vez erró el camino, cuando vemos que se prefiere la guerra a la paz, cuando vemos que se generaliza la xenofobia, cuando constatamos que ganan terreno las propuestas intolerantes; detrás de esa crueldad que parece masificarse está el frío aliento del miedo. Les pido que recemos por todos los que tienen miedo, recemos para que Dios les dé el valor y que en este año de la misericordia podamos ablandar nuestros corazones. La misericordia no es fácil, no es fácil… requiere coraje. Por eso Jesús nos dice: «No tengan miedo» (Mt14,27), pues la misericordia es el mejor antídoto contra el miedo. Es mucho mejor que los antidepresivos y los ansiolíticos. Mucho más eficaz que los muros, las rejas, las alarmas y las armas. Y es gratis: es un don de Dios. (Roma, 5 de noviembre del 2016)

Trabajemos juntos entonces, como la gran familia que somos, para enfrentar con amor liberador a ese miedo que arrincona, excluye, divide, demoniza y violenta nuestras humanidades y no nos deja acercarnos ni entender al otro. Intentemos derribar los obstáculos que impiden que todos nos desarrollemos en total libertad y con las mismas posibilidades. Sólo desde la solidaridad y cuidándonos entre nosotros como hermanxs podremos construir ese mundo que tanto deseamos. Asumamos desde nuestros lugares el provocador desafío de amar.

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